Nuestra crítica de Infinity War: La madre que los p…

Desde que en 2008, con la película de Iron Man y el cameo de Samuel L. Jackson como Nick Fury, hablándole a Tony Stark sobre la iniciativa ‘Vengadores’, se ha venido cociendo un hype de 10 años con un único fin, y es esta película que aquí acontece.

El reto que aceptaron los Russo fue desmesurado, pero simple, si lo conseguían tendrían fama, dinero y el reconocimiento y amor de los fans, sino, en fin, no pensemos en ello, porque no es lo que pasó. La cinta resultó ser una extraordinaria película de super-héroes, y se ha convertido en la madre del cordero del UCM sin discusión (negar esto es cinismo en la opinión de un servidor).

La presentación del villano es muy acertada (vemos muestras de su poder y de su forma de hacer las cosas) y su psicología está perfectamente reflejada. La consecuencia es que Thanos está siendo considerado como el Darth Vader del siglo XXI, y no es para menos. Es el protagonista absoluto del film, es su historia, y los Vengadores son personajes secundarios víctimas de sus convicciones. Es un villano tan conseguido que en ocasiones, cuando se muestra su forma de pensar, te llega a convencer, llegar a decirte: “Es que este tío tiene razón”, y te lo planteas todo. Esto hay que valorarlo muchísimo. Muy pocas películas de superhéroes incitan a la reflexión profunda, que yo recuerde, sólo alcancé estás sensaciones con la Trilogía del Caballero Oscuro de Nolan, ‘Watchmen’ y ‘Capitán América: Civil War’, todas ellas me parecen obras de arte del cine de superhéroes, las únicas, hasta ahora…

En cuanto a los superhéroes, no puedo ocultar mi emoción al ver a todos ellos pelear, conocerse, trabajar juntos, reír… Creo que todos los espectadores nos sentimos como si estuviésemos presentando a mejores amigos que no se conocen, como si estuviésemos diciendo: “Eh, Tony, este es el Dr. Strange, podéis odiaros, podeis trabajar juntos o podéis hacer ambas cosas”.

Mención a parte para las interpretaciones de Tom Holland y Robert Downey Jr., acertadisimos en su caracterización. Decepción por el Hulk de Ruffalo,el actor con mejor cartel, que, en opinión de un servidor encarna a un Banner bastante tontorrón e infantil. Sin embargo, la mejor interpretación del film es la de Benedict Cumberbatch como el hechicero supremo, Dr. Stephen Strange, encarnando el despotismo y vanidad del personaje con una maestría descomunal, reflejando gestos y rostros que inspiran indiferencia y autoconfianza en el trato con los Vengadores, incluso desdén si me apurais. Eso fue en cierto modo esperado, ya que aunque Ruffalo sea el actor con mejores números (3 nominaciones al Óscar), Cumberbatch es uno de los intérpretes de moda, al igual que uno de los actores con más talento que yo he podido ver (véanse la serie ‘Sherlock’ o la película de
‘The imitation game’) en toda mi vida.

En esencia, estamos ante el caviar de Marvel, la Ópera Magna de las adaptaciones de Stan Lee, Steve Ditcko, Jack Kirby y colaboradores, la joya de la corona, y sobre todo, una, dos, tres, cincuenta, quinientas y un millón de gracias a los Russo, por revindicar a las películas de superhéroes como una posible fuente más de arte cinematográfico.

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